La alimentación en las excursiones veraniegas.

Qué comer en las excursiones de verano.

Ha llegado el verano y mucha gente prepara planes al aire libre, como ir a la playa o hacer algunas rutas en la montaña. La comida, en estos casos, desempeña un papel fundamental para disfrutar del día, reponer energía y mantenerse hidratado. Además, toca planificar el menú. ¿Qué alimentos son los más convenientes? ¿Cuál es mejor que dejemos en casa? ¿Hay vida más allá del bocadillo de jamón? En este artículo repasaremos qué debemos tener en cuenta antes de irnos a estos sitios y cómo elegir una alimentación adecuada.

Lo más importante es empezar diferenciando el tipo de excursión o salida que organizaremos. Por supuesto, a continuación, no trataremos las particularidades de una ruta de cinco días de montaña, con equipamiento profesional, sino de una simple excursión o ruta para pasar un día fuera o, como mucho, una salida en la que pernoctemos con una tienda de campaña. Algo sencillo que podamos hacer en familia.

Las consideraciones más cruciales que tendremos que barajar son las siguientes:

  • El peso de la mochila.
  • El tiempo que se estará fuera.
  • La hidratación.
  • La conservación de los alimentos y su preparación.

Deberíamos priorizar alimentos que sean energéticamente densos, es decir, que proporcionen muchos nutrientes y energía sin que supongan una gran carga innecesaria. Alimentos que, por cierto, suelen ser los mismos que se conservan bien porque tienen poca agua. Ejemplos para llevar siempre a mano son los frutos secos, las frutas desecadas y la fruta fresca (que sí contiene agua). Con esta información, está claro que no es el mejor día para llevarse una sandía, salvo que vayamos a la playa en coche.

El problema viene con los alimentos proteicos, cuando recurrimos al bocadillo de embutido, ya que esta opción no es la más saludable. Por supuesto, siempre están los clásicos de pechuga de pollo, atún o tortilla para quien no se quiera complicar.

Pero también podemos decantarnos por otras alternativas, como llevar un botecito de garbanzos para hacer una ensalada de legumbre o incluso un huevo ya cocido.

Las latas y las conservas son una gran herramienta que, además, se mantiene perfecta en el trayecto, aunque hay que vigilar que no supongan un peso excesivo. El agua y el aceite que usan muchas de ellas para conservarse suponen un lastre que en ciertos casos puede hasta duplicar el peso neto del producto.

Un ejemplo práctico: un bote de garbanzos o una lata de atún pueden ser buenas elecciones, pero elegir las salmueras o los encurtidos implicaría llevar mucho volumen que no consumiremos. Consejo: no lleves unos pepinillos porque estás cargando con el vinagre para nada.

Los platos ya preparados y prácticos hechos de antemano son una buena opción: un revuelto, una tortilla de patatas, unos pimientos asados, una patata cocida… todas esas cosas se pueden llevar ya elaboradas.

Pero también está la alternativa de llevar algo para mezclar en el momento, como un moje manchego (ensalada murciana), que incluye tomate, atún, huevo duro y aceitunas. También puede ser un tomate partido con esos garbanzos o judías de bote, que es solo abrir y mezclar. Lo llevamos todo en las latas y, ya en la playa o en la montaña, se prepara en un momento. Eso sí, si te inclinas por una ensalada, no la aliñes antes, pues que se quedará blandurria. Es preferible echar el aliño en un botecito aparte y añadirlo justo antes de comer.

En definitiva, la estrategia es hacer una elección de alimentos saludables, que puedan durar el tiempo que estamos sin refrigeración disponible y que podamos tomar fríos. ¡Si sigues estas recomendaciones la lista puede ser casi infinita!

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