Reducción de azúcar en los alimentos prefabricados

Cuanto es el descenso realmente.

El Ministerio de Sanidad y casi 400 empresas de la industria alimentaria han llegado a un acuerdo: reducir las cantidades de azúcar, grasas saturadas y sal presentes en los diversos alimentos que fabrican. El propósito es disminuir los índices de obesidad de nuestra población mediante el fomento de una alimentación saludable y de la práctica de la actividad física.

Según los datos del propio ministerio, el 54 % de la población adulta española tiene sobrepeso y el 17 % padece obesidad. Y los niños no son la excepción: con unas tasas del 40 % de sobrepeso y del 18 % de obesidad, encabezan (junto con Chipre) el ranking de Europa.

La situación es muy grave en España. No es que tengamos unos kilos de más, sino de una tendencia marcada a escala país. Como advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad es una pandemia y, a tenor de los datos disponibles, no nos hemos librado de su alcance. Tampoco de sus problemas asociados. Cada vez son más los niños que sufren enfermedades “de adultos”, como el colesterol, la hipertensión o diabetes tipo 2.

Estos pequeños tienen un elevado riesgo de presentar obesidad en la edad adulta y son más propensos, por tanto, a acabar desarrollando todos los problemas de salud relacionados con la obesidad: enfermedades cardiovasculares, resistencia a la insulina y diabetes, trastornos músculo-esqueléticos, algunos tipos de cáncer o limitaciones físicas al realizar ciertos esfuerzos físicos, entre otras.

De ahí el intento por mejorar el perfil nutricional de los productos alimenticios presentes en la dieta cotidiana de millones de personas. ¿Ejemplos? Entre los sectores que han decidido firmar este acuerdo encontramos al de las bebidas refrescantes y los néctares de frutas, a los productores de cereales de desayuno, a los de aperitivos salados, a los de bollería, pastelería y galletas o a los fabricantes de salsas, platos preparados, cremas y derivados cárnicos. Es decir: a casi todos los productores de bebidas y alimentos procesados.

El acuerdo prevé una medida central: disminuir la presencia de azúcares, grasas saturadas y sal en las bebidas y los alimentos procesados. Esta reducción se expresa en porcentajes y varía según el nutriente y el tipo de producto al que se aplica. Por ejemplo, se quitará un 10% de azúcar a los néctares de fruta, mientras que se eliminará un 5% de grasas saturadas a las galletas y un 13,8% de sal a las patatas fritas.

¿Es mucho? ¿Es poco? ¿Cuánto es un 10% menos de azúcar o un 5% menos de sal? Para saber qué suponen estas reducciones, lo más útil es pensarlas en productos concretos y en gramos y saber cuál es el contenido original.

La OMS recomienda limitar el consumo de sal a menos de 5 gramos al día para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y cardiopatía coronaria en adultos. Los niños deberían tomar aún menos. En España, se estima que una reducción de la ingesta de sal a 5 gramos al día evitaría unos 20.000 accidentes cerebrovasculares y unos 30.000 eventos cardiacos al año.

Se considera que un alimento contiene mucha sal si lleva 1,25 gramos por cada 100 gramos o más. Por tanto, incluso con la reducción prevista, estos productos seguirán conteniendo cantidades excesivas de este mineral.

La OMS aconseja disminuir el consumo de azúcar libre (el añadido a los alimentos y el que está presente de forma natural en productos como la miel, los zumos de fruta y los jarabes). La toma de estos azúcares no debería superar el 10% de la ingesta calórica total. En concreto, no deberíamos consumir más de 25 gramos de azúcar libre al día. Sin embargo, en una sola lata de refresco hay entre 26 y 35 gramos.

Hace menos de un año, la OMS difundió nuevas recomendaciones para la ingesta de grasas saturadas y grasas trans, relacionadas con el exceso de peso y las enfermedades cardiovasculares. Según esta institución, el consumo de grasas saturadas no debería superar el 10% de la ingesta calórica diaria: esto es, unos 50 gramos al día.

La reducción de grasas, azúcares y sal es un buen punto de partida para mejorar el perfil nutricional de estos alimentos, pero no parece ser una medida eficaz para mejorar la alimentación de las personas que los consumen. ¿Por qué? Porque la disminución es anecdótica.

Así que mucho cuidado con pensar en que comeremos más sano. Seguiremos comiendo seguro, pero seguirá dependiendo de nosotros elegir lo sano. Y resulta que lo sano no requiere que se le baje la sal, el azúcar o las grasas saturadas. El verdadero avance no pasa tanto por mejorar el perfil de productos superfluos, sino en promover el consumo de alimentos que sean saludables de verdad, como frutas, verduras, legumbres, huevos, carnes magras y yogur natural.

Reducir los impuestos de los alimentos poco procesados, aumentar el gravamen de los productos menos sanos, fomentar unos hábitos de vida saludables y proporcionar una buena educación nutricional y gastronómica a la población son algunas de las claves que destacan los especialistas en nutrición humana y dietética.

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